
domingo, 21 de septiembre de 2008
hoy no tocamos el punto...
Este domingo desayuné deliciosamente con mis amigas y amigos más amados por mí. Estaban casi todos los más importantes, si acaso me faltan un par, quizá 3, no más.
La cosa, lo que quiero resaltar es que hoy hablamos de todo menos de política -nuestro tema número uno de toda la vida. Si para algo nos reunimos en la vida es para hablar de política, despedazar a los políticos -en particular a los mexicanos-, para hablar de lo que pasa en los medios de comunicación, y para hablar de nuestras vidas amorosas -lo que incluye acostones de una vez, tríos, cuernos, nuevas conquistas, amores de internet, amores de antro, quejas de los y las mismas de siempre, azotes, enamoramientos, desenamoramientos, la soledad, etc., etc.-. Pero primero que nada, somos unos animales políticos y hoy no tocamos el tema...
Y no, no es que todo vaya de maravilla y no tengamos nada que comentar al respecto. Al contrario, creo que estamos en el peor momento de todos, creo que nunca hemos estado más lejos del país que quisiéramos tener. O en palabras del poeta mexicano Jorge Martínez: "Es como darse cuenta de que le han puesto a uno pesadillas en el sitio donde uno tiene algunos sueños importantes; como mirar hacia atrás, hacia adelante, hacia los lados para después sentirse, de un modo que parece interminable, un hombre suciamente engañado, sin alegría... algo está doliendo, algo duele muy adentro de la sangre y de la piel."
El país se nos va como agua entre los dedos. No es que estemos decidiendo quedarnos en casa y dejar de actuar políticamente porque no entendemos nada o porque aquí ya nada tiene sentido -sabemos que eso es lo que quiere la derecha: ciudadanos resignados e indolentes, guardados en casa porque las calles son inseguras, mirando el televisor, comprando, viviendo en cómodas mensualidades, al menos mientras tengan chamba para pagarlas-, no. Lo que pasa, creo, es que ha sido tanto el azoro, tanta la perplejidad, tanta la indignación, tantos los hechos que contradicen y ridiculizan los discursos oficiales, tanto el ruido y las preguntas sin respuesta, tanto tanto tanto y todos los días, que este domingo le dimos y nos dimos tregua.
Nadie lo propuso, nadie se indignó, nadie lanzó teorías. Hablamos del huevo, de los tlacoyos, del estupendo café, de la que se va a vivir a Dublín -por amor, no por inseguridad ni por desempleo-, nos tomamos fotos... Yo creo que estamos tratando de entender, estamos tratando de ver cómo vamos a seguir o decidimos hacer un paréntesis y no tocar el punto porque duele, duele cañón...
¿O alguien me puede decir qué pasó?
La cosa, lo que quiero resaltar es que hoy hablamos de todo menos de política -nuestro tema número uno de toda la vida. Si para algo nos reunimos en la vida es para hablar de política, despedazar a los políticos -en particular a los mexicanos-, para hablar de lo que pasa en los medios de comunicación, y para hablar de nuestras vidas amorosas -lo que incluye acostones de una vez, tríos, cuernos, nuevas conquistas, amores de internet, amores de antro, quejas de los y las mismas de siempre, azotes, enamoramientos, desenamoramientos, la soledad, etc., etc.-. Pero primero que nada, somos unos animales políticos y hoy no tocamos el tema...
Y no, no es que todo vaya de maravilla y no tengamos nada que comentar al respecto. Al contrario, creo que estamos en el peor momento de todos, creo que nunca hemos estado más lejos del país que quisiéramos tener. O en palabras del poeta mexicano Jorge Martínez: "Es como darse cuenta de que le han puesto a uno pesadillas en el sitio donde uno tiene algunos sueños importantes; como mirar hacia atrás, hacia adelante, hacia los lados para después sentirse, de un modo que parece interminable, un hombre suciamente engañado, sin alegría... algo está doliendo, algo duele muy adentro de la sangre y de la piel."
El país se nos va como agua entre los dedos. No es que estemos decidiendo quedarnos en casa y dejar de actuar políticamente porque no entendemos nada o porque aquí ya nada tiene sentido -sabemos que eso es lo que quiere la derecha: ciudadanos resignados e indolentes, guardados en casa porque las calles son inseguras, mirando el televisor, comprando, viviendo en cómodas mensualidades, al menos mientras tengan chamba para pagarlas-, no. Lo que pasa, creo, es que ha sido tanto el azoro, tanta la perplejidad, tanta la indignación, tantos los hechos que contradicen y ridiculizan los discursos oficiales, tanto el ruido y las preguntas sin respuesta, tanto tanto tanto y todos los días, que este domingo le dimos y nos dimos tregua.
Nadie lo propuso, nadie se indignó, nadie lanzó teorías. Hablamos del huevo, de los tlacoyos, del estupendo café, de la que se va a vivir a Dublín -por amor, no por inseguridad ni por desempleo-, nos tomamos fotos... Yo creo que estamos tratando de entender, estamos tratando de ver cómo vamos a seguir o decidimos hacer un paréntesis y no tocar el punto porque duele, duele cañón...
¿O alguien me puede decir qué pasó?
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